Monumento de Astrana Marín

 

Astrana MarínEs una obra de D. Juan de Ávalos esculpida en piedra blanca que representa el busto de Don Luis Astrana Marín ilustre cervantista que visitó numerosas veces esta villa y que según sus propias palabras: “ sin Esquivias no hubiera existido el Quijote”.

Astrana Marín fue el primero en descubrir y defender que Alonso Quijada, morador de Esquivias en el primer tercio del siglo XVI, debía de ser el modelo de Don Quijote.

Según el biógrafo cervantino, Alonso Quijada era el tercer hijo del bachiller Juan Quijada y de María de Salazar, así constaba en el testamento de su padre fechado el 12 de abril de 1505. Los dos testamentos de la madre, el último fechado el 13 de octubre de 1537 hablan de él ya como fraile agustino. Estudiando el archivo parroquial de Esquivias desde 1519 descubrió que no existe ningún otro Alonso Quijada en la época de auge de los libros de caballerías. Al mismo tiempo pudo comprobar que en los libros parroquiales aparecen: el cura Pero Pérez, Mari Gutiérrez y el morisco Ricote, entre otros, aparte de apellidos como los Carrasco, Quiñones, Cárdenas, Alamos, Carrizos, Avendaños, Alonsos y Lorenzos, apellidos que figuran tanto en “El Quijote” como en “Las Novelas Ejemplares”.

Así, como afirma Astrana Marín, Cervantes mientras vivió en Esquivias tuvo noticia de la vida de este tío de su mujer, algo alterado por la lectura de los libros de caballerías, y le sirvió de boceto para imaginar su Don Quijote.

De no haber querido referirse a su persona al idear al personaje, Cervantes no le hubiera llamado Alonso Quijada y de hecho en la Segunda parte de “El Quijote” pasa a llamarse Alonso Quijano “el Bueno”, quizá por problemas de burlas en el pueblo al reconocer a su vecino en el libro. Sin embargo hay que añadir que Cervantes no publicó “El Quijote” hasta que su tío político hubo muerto, es decir, en 1605, aunque sabemos que el libro estaba terminado desde hacía tiempo.

Indagando por otros caminos, Astrana Marín encontró en “De locis Theologicis” de Melchor Cano[1] una referencia a que conoció en esta época a un fraile agustino, cuyo nombre calla, que llegó a creer que Amadís y Clarián vivieron realmente lo que se narra en los libros de caballerías.

La conclusión de Astrana Marín es que Cervantes extrajo a Don Quijote de su imaginación, encendida la chispa por lo que supo de la desmesurada afición de aquel hidalgo a los libros de caballerías